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Historias con nombre y apellido / Un encuentro emocionante

Los que desafiaron la vida y la muerte

Un libro reúne las estremecedoras aventuras de estos personajes anónimos que se ganaron cada sábado la portada de LA NACION.

Jorge Fernández Díaz
LA NACION

El piloto de combate que bombardeó el campamento de Jeremy Moore en Malvinas el 13 de junio de 1982 y regresó a tierra perdiendo combustible en su dramático vuelo sobre el mar conversa animadamente con el sargento de infantería que ese mismo día recibió dos disparos de un francotirador inglés y fue llevado en andas toda una noche por frías planicies hasta un hospital de campaña de Puerto Argentino. Ambos despertaron al día siguiente con la alegría de estar vivos y la tristeza de una noticia negra: todo había sido en vano, la guerra se había perdido.

Me da un escalofrío ver juntos por primera vez al comodoro Guillermo Dellepiane y al no menos legendario sargento retirado Manuel Villegas. Cerca de ellos conversan animadamente Esteban Tríes, el conscripto que salvó a Villegas, con el contralmirante Alejandro Maegli, que participaba del comando del submarino San Luis cuando se enfrentaron con la Royal Navy y se llevó a cabo una de las más espectaculares persecuciones submarinas de las segunda parte del siglo XX. Los acompaña, en ese corrillo, un buzo táctico llamado Reynaldo Toloza, que estaba a punto de lanzarse en paracaídas sobre la vanguardia británica en aquella misma fecha maldita, durante la Operación Buitre, abortada a último momento a raíz de la rendición. No se conocen personalmente, pero aquí están en un rincón, esperando el instante en que les digamos que ocupen las gradas para una foto.

Es una tarde especial y aguardamos a los últimos convocados en un estudio fotográfico de San Telmo. Son más de treinta, y en el grupo hay de todo: detectives, sobrevivientes, jugadores, actores, guerreros, exorcistas. Personajes casi anónimos que desafiaron la vida y la muerte, y cuyas peripecias fueron narradas semana tras semana en la sección "Historias con nombre y apellido". Esos ilustres desconocidos se ganaron la tapa del diario, peleando codo a codo con los políticos y los hechos de la actualidad caliente, y cautivaron a miles de lectores con sus desventuras dolientes y cinematográficas. Un libro llamado La hermandad del honor (Planeta) reúne ahora esos relatos y le agrega un largo texto donde se cuenta qué fue de cada uno de ellos después de haber dado a conocer sus vidas. El efecto de leerlos a todos juntos produce hoy una extraña sensación: como si fueran piezas de un rompecabezas, como si trazaran un nuevo mapa humano y explicaran de algún modo la Argentina desde abajo.

1. Claudio Espector (creador de 14 orquestas con chicos carecientes), 2. Guillermo Dellepiane (el piloto que bombardeó a ingleses en Malvinas), 3. Alejandra Ciappa (voluntaria en la emergencia de las Torres Gemelas), 4. Esther Menassé (militante comunista de 103 años), 5. Sergio Velo (capitán de Los Murciélagos), 6. Carlos Mancuso (exorcista), 7. Francisco Seleme (maestro de boxeadores), 8. Nélida Romero (diva de los 50 que vive en la Casa del Teatro), 9. Eduardo Ezquenazi (cirujano del Piñero), 10. Miguel Maiolino (detective), 11. María Dolores Barquín (niña de la guerra del País Vasco), 12. Nélida de Miguel (delegada de Evita), 13. Luis Paiz (Médicos sin Frontera), 14. Lidia Grichener (Missing Children), 15. Carlos Frattini (ex preso y gran artista plástico), 16. Daniel Bonada (cuidador del Zoo), 17. Valentina Akhmedziaova (víctima de Chernobyl), 18. Oleksandr Zakorodnyuk (ídem), 19. Tatiana Kachanova (ídem), 20. Ludmila Panasetsva (ídem), 21. Eber Gómez Berrade (cazador), 22. Alejandro Maegli (ex comandante del submarino San Luis), 23. Esteban Tríes (héroe de Malvinas), 24. Héctor "Toti" Flores (piquetero), 25. Santiago Yoffe (nieto de Mira, la sobreviviente del gueto de Varsovia), 26. Reynaldo Toloza (buzo táctico), 27. Roberto Servente (sobreviviente del hundimiento del avión de Austral), 28. Laura Lampreabe (recupera adictos del paco), 29. Manuel Gonçalves (nieto recuperado), 30. Christian Valls (padre del navegante que desapareció en aguas uruguayas), 31. Manuel Villegas (veterano de Malvinas), 32. Maximiliano Vilariño (bombero).

Hay esta tarde, en este curioso encuentro entre gente que ha experimentado situaciones extremas, algunas ausencias. La más notoria es la de Mira Ostromoglinsky, la víctima del gueto de Varsovia que reveló dos terribles secretos: su padre se había suicidado y su hijo no era su hijo sino un sobrino. Ella murió pocos días después de publicada la nota, y ahora Santiago, uno de sus nietos, ha venido en su nombre. Cuenta que sólo la urgencia por dejar un testimonio en el diario sobre el carácter de su tragedia la sacó de la cama, y que luego la lectura del relato y la reacción de los lectores digitales la consolaban en esos epílogos del dolor y la morfina.

También murió Liana Lombard, aquella actriz de la Casa del Teatro que se levantaba todas las madrugadas para verse en una vieja telenovela del canal Volver. Nélida Romero, majestuosa diva de los 50 y amiga de Liana, me cuenta que era diabética grave y que no se cuidaba en lo más mínimo. Jugaba a la ruleta rusa con los dulces.

Tampoco pudieron venir el padre Pepe, el cura de la villa 21 que lucha contra la pobreza y el narcotráfico: está de viaje por Italia porque le prometieron fondos para esa barriada humilde donde cunde el desaliento. Susana Chaia de Garnil, la madre de un chico secuestrado en La Horqueta, se marchó con su familia a Brasil de vacaciones, y el histórico custodio de Alfonsín, Daniel Tardivo, descansa con su hijo en Córdoba. "Yo no soy un héroe", me dijo la sombra del ex presidente cuando lo invité a este encuentro. Por problemas personales, no pudieron asistir otros tres o cuatro más. Pero el resto de los hombres y mujeres de los sábados están aquí esperando que llegue la más longeva de todos: Esther Menassé, una bravía militante comunista de 103 años. Cuando finalmente la sientan a Esther cerca de Nélida de Miguel, la antigua delegada política de Eva Duarte dice con una sonrisa: "Acá están el peronismo y el comunismo juntos, ¿qué más queda? Prácticamente nada más, ¿no?"

Veo que Claudio Espector, el eximio pianista que estudió en el Conservatorio de Moscú y que armó 14 orquestas con chicos carecientes de la Capital Federal, ha confraternizado con uno de los cuatro sobrevivientes de Chernobyl que hoy malviven en la Argentina: la solitaria Valentina Akhmedziaova, otra instrumentista que toca maravillosamente una variación del acordeón a piano llamado baian. Es alucinante escucharlos hablar fluidamente en ruso a estos dos músicos a quienes los junta el destino en el sur del mundo.

Dos "enemigos íntimos" se eluden prolijamente durante la espera: Daniel Bonada, decano de los cuidadores de animales del Zoológico, y su contracara: el polémico y fascinante Eber Gómez Berrade, cazador profesional y guía de caza en el Africa. El tema de los animales, entre los lectores, provocó más indignación que la política.

Una mujer y un joven han descubierto que los une algo siempre inquietante: los años 70. Ella es Laura Lampreabe, ex militante del peronismo de izquierda y ex alcohólica que hoy recupera a los "chicos del paco" en la Fundación Casa del Sur, y Manuel Gonçalves, un nieto recuperado, hijo de desaparecidos, que batalla para enjuiciar a los asesinos de sus padres y a los funcionarios de la dictadura militar que le suprimieron la identidad. Manuel me pregunta quién es ese enigmático caballero que me saluda: "El mejor ladrón de casas de la historia argentina y uno de los grandes retratistas a lápiz del país", le revelo. Carlos Frattini es un ejemplo de redención: como artista fue descubierto en la cárcel de Villa Devoto por el maestro Raúl Soldi, pasó 23 años en prisión, se regeneró por completo y hoy trabaja en el Patronato del Liberados del Neuquén. Noto que la sinopsis le destornilla la mandíbula a Manuel Gonçalves, y que ahora lo está mirando de otra manera.

Hay muchas damas y caballeros admirables que se están dando la mano. María Dolores Barquín, la niña de la guerra del País Vasco que vivió todo tipo de peligros huyendo del fascismo por Europa. Silvio Velo, el gran capitán de Los Murciélagos, que me enseñó la fina inteligencia sensible de los no videntes. Francisco Seleme, el boxeador amateur que hizo 80 peleas y que cuida la integridad de los laburantes del ring. El padre Carlos Mancuso, exorcista oficial del obispado de La Plata. Héctor "Toti" Flores, el valeroso piquetero del MTD La Matanza que rechazó los planes sociales, se asoció con el diseñador Martín Churba y demostró que se puede combatir la pobreza con iniciativa y cultura del trabajo.

Asisto a algunas escenas curiosas. El intrépido Maximiliano Vilariño, bombero y gladiador en cientos de incendios y accidentes, saluda con veneración al doctor Eduardo Ezquenazi, el cirujano del Hospital Piñero que lidia a diario con las víctimas baleadas de la villa del Bajo Flores. Parece un tipo temible, pero se le afloja la cara en una sonrisa cuando el bombero le recuerda que hizo con él un curso extraordinario sobre la asistencia del trauma. Se une a la conversación un colega: Luis Paiz, encargado nacional de Médicos sin Fronteras. Paiz viene porque Pilar Bauza, la enfermera de Bella Vista que fue secuestrada en Somalia, se encuentra en estos días coordinando la atención de distintas emergencias graves en Nigeria.

Está cerca Roberto Servente, que hace 50 años logró salvar el pellejo después de la caída y hundimiento de un avión de Austral en aguas de Mar del Plata nadando durante horas y horas en la noche: el relato sobre su hazaña es recomendado en círculos de management como material de estudio, puesto que sus enseñanzas pueden aplicarse a muchas situaciones de crisis.

Me cruzo con la presidenta de Missing Children, Lidia Grichener, que ayudó a encontrar a cientos de chicos perdidos: después de publicada esta historia con nombre y apellido la Fundación Telefónica le donó un 0800, herramienta fundamental para su valiosa organización. Lidia está conversando con el detective privado Miguel Maiolino: quiere asistir a uno de sus cursos de criminología. Le presento a Maiolino un detective amateur: Christian Valls, el padre de aquel navegante que fue víctima de piratería o de un sospechoso naufragio en la costa uruguaya. Valls tuvo que volverse a la fuerza un investigador y un especialista en pericias y misterios para seguir buscando a su hijo y a los responsables de su desaparición.

De repente nos damos cuenta de que ya está todo listo. Los invitamos a las gradas. Es un momento emocionante: percibo que hay gente con lágrimas en los ojos. Los flashes caen y caen sobre ese conjunto de personas inolvidables. Al final les hablo. Les explico por qué están extrañamente hermanados. Porque cada uno de ellos, aun los más políticamente incorrectos, han defendido desde distintas trincheras y en muy diferentes circunstancias, ese valor olvidado por las sociedades modernas: el honor.

Luego vienen los aplausos y la distensión, y me voy abrazando con cada uno de ellos como si fueran viejos amigos. Viví tan intensamente sus memorias y periplos que creo conocerlos desde el principio de los tiempos.

Al final se me acerca Alejandra Chiappa, la médica argentina que estuvo trabajando con las víctimas del atentado a las Torres Gemelas, escapó de un cáncer y logró salvarse de morir intoxicada por monóxido de carbono. Trae un párrafo escrito por mí alguna vez. Me lo lee: "Ya no quedan héroes de corazón puro. Sólo quedan canallas heroicos".

Nos miramos. Los dos sabemos que me equivoqué.

 

 


   
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