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APRENDÍ A SER...


DETECTIVES: Otra institución que comenzó su camino en la Argentina casi como un juego de niños fue la escuela de detectives. Pero, ahora es cosa de adultos.
La primera que se instaló en el país era por correspondencia y estaba orientada a aventureros. Años más tarde, Miguel Angel Maiolino vio la necesidad de crear un curso de verdad para formar investigadores y así nació la Academia Newbery en 1996. “Surge porque no había nada para capacitar detectives, personas civiles que querían hacer algo.

EN EL CURSO DE DETECTIVE SE ENSEÑAN MATERIAS
DE INTELIGENCIA, SEGUIMIENTO, FOTOGRAFÍA,
FILMACIÓN, CÁMARAS OCULTAS, GRAFOLOGÍA, TEORÍA
DE ARMAS Y PRÁCTICA DE TIRO. EN BUENOS AIRES HAY
UNOS 300 DETECTIVES CIVILES EN ACTIVIDAD.

Por otro lado, se veían épocas de inseguridad, y yo tenía la idea de lograr una red propia de detectives privados, salidos del mismo lugar”, confiesa el director. El curso dura seis meses y se les enseña a los alumnos materias de inteligencia, seguimiento, fotografía, filmación, cámaras ocultas, grafología, teoría de armas, práctica en el tiro federal y paraderos.
Los aspirantes a detectives tienen que ser mayores de 21, aunque Maiolino reconoce que han llegado chicos de 17, que hacen el curso acompañados de sus padres. Pero, la variedad de alumnos es grande y el único requisito es no tener antecedentes penales. Por sus aulas, Maiolino ha tenido desde periodistas, guionistas de TV que estaban escribiendo un policial, inspectores de la AFIP, ex inspectores de Aduana, gendarmes, policías y egresados de criminología. “Salen y no tienen dónde aplicar lo que aprendieron, en la policía no tienen lugar, primero están los uniformados que están haciendo la carrera”, explica. El mundo de la investigación no le cierra las puertas a nadie. “Hay de todo tipo de detectives, travestis y chicas que trabajan”, asegura el director de la academia.

Muchos alumnos llegan con los estereotipos hollywoodenses de la profesión muy arraigados. “El 30 porciento viene con un prejuicio. Me preguntan: “¿usted, profesor, alguna vez se disfrazó?”. Yo les digo: “¿para qué?”. Siempre tuve algún compañero que era gitano o judío o travesti. Para qué me voy disfrazar de travesti. En un seguimiento terminé en un boliche swinger y mequería matar, saqué la foto y me fui; pero si el trabajo es de más tiempo, o te gusta la historia o no querés ir, como en mi caso, llamás a alguien para que vaya”, aclara Maiolino.
“Todo es arriesgado, hasta un caso de infidelidad, el tipo se vuelve loco y te llena de tiros. La exposición pública es lo más peligroso, mañana agarra el diario un loquito y te viene a buscar”, afirma Maiolino. Así y todo en Buenos Aires hay alrededor de 300 detectives en actividad.

 

   
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