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CRIMENES PASIONALES

   

 

Flores: un ingeniero mató a su mujer de cuatro balazos

También le disparó a la hija de ella, que quedó herida

En el tambor del revólver calibre 38 Special del ingeniero Adrián Fraser (48) sólo quedó una bala. Creen que la guardó para él, pero que a último momento no se animó a matarse. En lugar de eso, llamó al 911 y abrió la puerta y el portón de su casa para que la Policía pudiera entrar a detenerlo por haber a disparado a quemarropa contra su mujer y contra la hija de ella, de 13 años.
Fue poco antes de las seis de la mañana. Cuando los policías de la comisaría 38° llegaron al lujoso chalet de la calle Bonorino al 500, en el barrio de Flores, se encontraron con Fraser inmóvil, sentado en el comedor, con el arma apoyada en la mesa. A su alrededor, todo era caos: su pareja desde hacía cuatro años, la abogada Silvia Lago (50), yacía muerta en la entrada de la cocina, con cuatro balazos en el cuerpo; la hija de ella, Estela (13), estaba en la escalera, herida por un disparo en el abdomen.
"Primero disparó contra su pareja. Cuando la nena, que estaba durmiendo en el piso de arriba, intentó bajar, él subió la escalera y la baleó en el estómago", contaron a Clarín fuentes del caso. Lago murió al instante. Su hija debió ser hospitalizada y anoche estaba en estado reservado en la Clínica Suizo Argentina.
Fraser, que es empleado de la Aduana (división Verificaciones de la Ciudad de Buenos Aires), se entregó sin resistirse. Sobre él, en el barrio ayer había un sólo comentario: era un hombre de carácter fuerte, autoritario. Algunos vecinos sostuvieron que la pareja estaba en crisis y que hacía apenas una semana Lago le había pedido un alejamiento para replantear la relación. Desde entonces, dicen, él dormía en la plata inferior del chalet. Una versión señalaba que estaba bajo tratamiento psicológico.
"Había muchas peleas entre ellos. La posible separación habría sido lo que enfureció al hombre", especularon fuentes policiales. Ayer, en el barrio, los vecinos no querían hablar de los problemas conyugales de Lago, pero sí detallaron que su ex marido -el padre de su hija- vive en la misma casa.
Es que el chalet tiene dos entradas independientes: por la de Bonorino 542 se accede a una escalera y a las dos plantas superiores, donde vivían Lago, su hija y su pareja; por la del 548, que da a la planta baja, viviría su ex marido.
La familia manejaba casi todo dentro del barrio. Estela iba al colegio Misericordia, sobre la avenida Directorio, a media cuadra de su casa; su madre, por su parte, había montado un estudio en Directorio al 1.600. Allí ayer habían pegado carteles avisando que cerraban "por razones de fuerza mayor".
Además del imponente chalet, Lago era dueña del terreno lindero a su casa, en Bonorino 554, al parecer en sociedad con su ex marido. Allí financió la construcción de un edificio de tres pisos, que ya está listos para estrenar y tiene varias comodidades: pileta, parrilla y seguridad por circuito cerrado.
"Acá llegaron hace tres años. Le compraron la casa a un sindicalista. Siempre andaban juntos", contó a Clarín un vecino.
Para la Policía, este es un caso dramático, pero ya esclarecido. Fraser está detenido y ayer lo vigilaban en un calabozo de la comisaría 38°. El ingeniero está acusado de "homicidio e intento de homicidio", pero hasta anoche no había explicado por qué lo hizo.

Su vida en Chascomús
Además de su estudio jurídico en Flores, donde trabajan algunos de sus familiares, Silvia Lago tenía una segunda oficina en la ciudad de Chascomús. Allí se ocupaba principalmente de asuntos previsionales y hasta tenía una columna en el Canal 5 de esa ciudad, donde daba consejos sobre su especialidad. "Manejaba una clientela muy importante en la zona. Acá llegó hace unos 10 años y hace cinco o seis que compró una casa en la avenida Lastra y Santa Fe. Allí montó el estudio y también grababa su columna sobre temas previsionales", contaron a Clarín en el Canal 5. "Venía sólo en días de semana. No sabíamos mucho de su vida", comentaron.


El dato
Con lo poco que se conoce de la trama íntima que condujo a este crimen, todo indica que la única defensa que podrá intentar el ingeniero es apuntar a una declaración de inimputabilidad. Apelar a un estado de emoción violenta, a un shock que le impidió ver lo que hacía o a algo similar. Sin embargo, un dato lo condena: él mismo llamó a la Policía, plenamente conciente de la criminalidad del acto que acababa de cometer.
   
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